¿Tecnología del futuro? ¡Más bien del presente!
Libro 01/2026. Reconozco que me acerqué a este libro con una mezcla de interés y cautela. La inteligencia artificial está tan presente en nuestro día a día —y tan cargada de ruido mediático— que no resulta fácil encontrar textos que expliquen sin simplificar en exceso ni caer en el entusiasmo ingenuo o en el catastrofismo.
Este libro se estructura en tres partes muy diferenciadas, con aciertos claros y también con algunas limitaciones que conviene señalar desde el principio.
1. Comprender la IA: mirar al origen para entender el presente
La primera parte es, sin duda, la más sólida y necesaria del libro. Martín Ávila hace un esfuerzo claro por responder a una pregunta básica que muchas veces se da por supuesta: ¿qué es realmente la inteligencia artificial y cómo hemos llegado hasta aquí?
Uno de los grandes aciertos es mostrar que la IA no surge de repente en el siglo XXI, sino que responde a un deseo profundamente humano: crear artefactos capaces de imitar, prolongar o incluso sustituir ciertas capacidades de la mente. Desde los autómatas de la Grecia clásica, pasando por los ingenios mecánicos del Renacimiento, hasta los relatos modernos como Frankenstein o el mito judío del golem, el ser humano ha soñado con dar vida a lo inerte y con reproducir su propia inteligencia.
Esta perspectiva histórica es clave porque nos baja del alarmismo y también del deslumbramiento. La IA no es magia ni es un ente autónomo con voluntad propia: es el resultado de decisiones humanas, de modelos matemáticos, de datos y de objetivos muy concretos.
En este sentido, el libro cumple muy bien su función divulgativa. Ayuda a comprender sin miedo, especialmente a quienes no tienen formación técnica, y pone una base conceptual sólida sobre la que construir el resto de la reflexión.
2. Usos de la IA: cuando la tecnología corre más rápido que los libros
La segunda parte del libro es, paradójicamente, la más débil, y no tanto por mala calidad como por una razón inevitable: la velocidad a la que evoluciona la inteligencia artificial.
Aunque el libro es de 2024, muchos de los ejemplos de uso que presenta ya han quedado obsoletos o resultan poco prácticos. Aplicaciones, herramientas concretas o escenarios que hace un año podían parecer novedosos hoy se perciben como superados, incompletos o directamente irrelevantes.
Aquí echo en falta una mayor capacidad de síntesis. Probablemente esta parte habría ganado fuerza si se hubiese reducido a uno o dos capítulos, centrados más en criterios de uso que en listados de aplicaciones concretas. En un campo que cambia cada pocos meses, menos detalle técnico y más marco conceptual suele ser una apuesta más inteligente.
No obstante, esta sección sigue teniendo valor como fotografía de un momento concreto del desarrollo de la IA y como ejemplo de hasta qué punto estamos ante una tecnología en permanente mutación.
3. Los desafíos de la IA: el verdadero lugar del debate
La tercera parte es, para mí, la más interesante y la que justifica plenamente la lectura del libro. Aquí el autor cambia el enfoque y no pretende tanto dar respuestas cerradas como plantear buenas preguntas.
- ¿Qué implicaciones éticas tiene la IA en la educación, la sanidad, la economía o la movilidad?
- ¿Cómo afecta a la privacidad, a la toma de decisiones o a la responsabilidad moral?
- ¿Qué papel juegan los sesgos de los datos y de quienes programan los algoritmos?
Más que soluciones simplistas, el libro ofrece pistas para el diálogo y el análisis crítico. Y eso, en un tema tan complejo, es probablemente lo más honesto.
Educar en IA: una responsabilidad que no podemos esquivar
Leyendo este libro no he podido evitar una reflexión personal como profesor. Me sigue sorprendiendo que una herramienta con un potencial tan enorme termine, en muchos casos, reducida a usos triviales: imágenes graciosas, textos superficiales o atajos para no pensar.
No es un problema de la tecnología, sino del uso que hacemos de ella.
Por eso creo que educadores, familias y escuela tenemos una responsabilidad clara: enseñar a usar la IA de manera académica, crítica y ética. No basta con prohibir ni con dejar hacer. Si no acompañamos este proceso, los alumnos aprenderán solos, con una madurez moral todavía en construcción y expuestos a los sesgos —ideológicos, culturales y económicos— de quienes diseñan estas herramientas.
La inteligencia artificial no es neutral. Y precisamente por eso necesita educación.
Conclusión
Inteligencia Artificial. Tecnología del futuro no es un libro perfecto ni definitivo, pero sí es un buen punto de partida. Destaca especialmente cuando ayuda a comprender el origen y los desafíos de la IA, y flojea cuando intenta fijar usos concretos en un terreno que cambia demasiado rápido.
Recomendable para quien quiera pensar la tecnología, no solo usarla. Y especialmente útil para educadores que sienten —como yo— que este debate no es opcional, sino urgente.
Jesús M. Gallardo Nieto


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