Fantasía, heridas y la búsqueda del sentido
A veces uno se acerca a una novela de fantasía esperando evasión, ritmo, una buena historia que enganche. La novena casa ofrece todo eso. Pero se queda corta si solo la leemos desde ahí.
Porque, más allá del mundo de la magia, Leigh Bardugo construye una historia que habla de algo mucho más universal: el lugar que ocupamos en la vida y la búsqueda del sentido personal.
Mucho más que magia
La novela se sitúa en un universo atractivo, oscuro, con sociedades secretas, rituales y normas que se van revelando poco a poco. La narrativa es ágil, casi adictiva, y los personajes están bien trazados. No hay aquí una fantasía ingenua ni decorativa. El mundo que presenta es áspero, incómodo en muchos momentos, y eso le da credibilidad.
Pero lo que realmente sostiene la historia no es el sistema mágico, sino la protagonista y su recorrido vital. La magia no es un fin en sí mismo, sino el contexto en el que se despliega una búsqueda mucho más profunda.
La infancia como punto de partida
Uno de los aspectos que más me ha interesado del libro es cómo aborda la infancia. No desde la nostalgia, sino desde la herida. La protagonista no viene de un lugar seguro, ni afectivamente estable. Arrastra carencias, abusos, pérdidas. Y eso marca toda su forma de estar en el mundo.
La novela deja claro algo que a veces olvidamos: una infancia feliz no es un lujo, es un fundamento. Cuando falta, la vida adulta se convierte en un intento constante de recomponer lo que no se tuvo. No desde el victimismo, sino desde la supervivencia.
En ese sentido, La novena casa es también una reflexión sobre las desigualdades invisibles: no todos partimos del mismo lugar, ni con las mismas herramientas emocionales, ni con la misma red de apoyo.
¿Para qué vivir?
Más allá de la trama, el libro plantea una pregunta insistente: ¿para qué vivir? No en términos abstractos o filosóficos explícitos, sino encarnados en decisiones concretas, en relaciones, en riesgos asumidos.
La protagonista no busca gloria ni redención épica. Busca algo más básico y más difícil: un lugar donde su vida tenga sentido, donde no sea solo resistencia o huida. Esa búsqueda es profundamente humana y conecta con cualquier lector, más allá de la edad o del gusto por la fantasía.
El libro muestra que encontrar ese “para qué” no elimina el dolor ni borra el pasado, pero sí puede darle una dirección. Y eso cambia todo.
Personajes y ritmo
Los personajes secundarios están bien construidos y cumplen una función clara: no son meros acompañantes de la acción, sino espejos de distintas formas de estar en el mundo. Algunos representan el poder, otros el cinismo, otros la protección, otros la ambigüedad moral.
La narrativa es trepidante, pero no superficial. El ritmo empuja, sí, pero deja espacio para que las preguntas se instalen. Es una combinación difícil de lograr y aquí funciona.
La novena casa demuestra que la fantasía puede ser un buen lugar para hablar de lo esencial. No porque escape de la realidad, sino porque la ilumina desde otro ángulo.
Al final, la magia es solo el escenario. Lo importante sigue siendo lo de siempre: qué hacemos con nuestra historia, qué lugar ocupamos en el mundo, y para qué decidimos vivir.
Jesús M. Gallardo Nieto

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