14 de julio de 2014

"Problemas" del Primer Mundo (1): Confundir deseo con necesidad

La continua insatisfacción que nos hace mal

En estos días de verano me gusta leer algo con sustancia que me haga reflexionar y darle vueltas a la vida, que si no se autocondena ella misma a la planicie de la superficialidad. 

En esas lecturas de verano, me he reencontrado con el magnífico libro de Rafael Santandreu, El arte de NO amargarse la vida, que recomiendo como lectura de cabecera y manual para enfrentarse a las exigencias de la vida diaria...


Una de las ideas que propone es liberarnos de la insatisfacción que produce el hecho de confundir deseo con necesidad. Necesitar, necesitar, estoy de acuerdo con el autor, necesitamos pocas cosas reales para poder vivir, de hecho mi experiencia en África confirma esta afirmación: con muy poco se puede ser feliz y por otro lado el hecho de tener (tanto bienes materiales como espirituales) no garantiza la felicidad. 

La clave está en no confundir los deseos, con lo que necesitamos. Nuestros deseos no siempre conducen a la felicidad. De hecho cuando sobrevaloramos o cargamos de expectativas algo (tener un coche o una pareja o acabar unos estudios), pocas veces se ven satisfechas por lo que nos creamos un estado de insatisfacción permanente que nos empuja a buscar compesaciones superficiales que nos den esa gratificación inconsciente que da la superficialidad. 

Y me parece que esto es aplicable a lo material, pero quizá más a lo "inmaterial" a lo espiritual. La comodidad, el confort, el amor, el reconocimiento, el que me sienta querido y valorado... son deseos que están sobrevalorados. Nada es imprescindible y se puede ser feliz en la dificultad, en la soledad y en el rechazo.

Cuando ponemos la llave de nuestra felicidad en factores externos a nosotros mismos, les damos poder sobre nosotros. Si para ser feliz necesito tener el último móvil o una buena conexión a Internet o que me quiera mi novia, siempre voy a estar al pairo de factores externos que no puedo controlar y por lo tanto puede ser que mi móvil se caiga o me lo roben, o que no haya WiFi por ningún sitio o que mi novia no me quiera como yo quiero... ¡Y puedo seguir siendo feliz!

Creo que cuando nos damos cuenta de lo poco que necesitamos y moderamos el deseo (¡gran enseñanza ascética que nos deja el Budismo y las filosofías asiáticas!) podemos ser felices. Disfrutar de la vida y de lo que somos es barato y siempre lo tenemos a mano. 

Esto que es "sencillo" de percibir no es fácil de llevar a la práctica. Yo suelo aprovechar los veranos para entrar dentro de mí y buscar qué es lo más importante para luchar contra esos deseos que el día a día, la sociedad, y mis propias expectativas me van pidiendo. Siempre encuentro "deseos de cosas imposibles" que decía la canción de La Oreja de Van Gogh, así que la clave es PERSEVERAR y poco a poco ir aprendiendo a discernir deseo irracional de necesidad real. 

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