Una mirada positiva y certera sobre la adolescencia
Hay libros que llegan cuando hacen falta. Este ni siquiera lo he comprado yo. Una buena amiga madre "primeriza" de adolescente en ciernes, me ha pedido que me lo lea y lo subraye para comentar.
Asi que este libro ha llegado en uno de esos momentos en los que uno mira a los adolescentes del colegio, escucha a las familias, observa algunas tensiones de convivencia y piensa: necesitamos comprender mejor esta etapa antes de seguir opinando sobre ella con tanta rapidez.
Adolescencia, de Lucía Galán Bertrand, hace justo eso. Baja el volumen del juicio y sube el de la comprensión. Y lo hace muy bien.
La tesis de fondo del libro, leída con sencillez, es clara: la adolescencia no es un problema que haya que soportar, sino una etapa intensa, compleja y valiosa que necesita adultos capaces de acompañar sin invadir, sostener sin asfixiar y poner límites sin romper el vínculo. Lucía Galán escribe pensando sobre todo en padres y madres, pero sería un error dejar este libro solo en el salón de casa. También debería entrar en tutorías, departamentos de orientación, salas de profesores y despachos de dirección.
Entre otras cosas porque el libro recoge muy bien buena parte de lo que otros ensayos más densos han explicado en los últimos años sobre desarrollo, salud mental, cerebro adolescente, emociones y crianza. La diferencia es que aquí todo está contado con un ritmo casi narrativo, con ejemplos muy reconocibles y con una claridad que engancha. Es un ensayo, sí, pero se lee con la agilidad de una historia bien contada.
1. Entender baja la temperatura
Muchas veces, en el colegio, lo primero que llega no es la comprensión, sino la reacción. Una contestación, un portazo, una desmotivación repentina, un conflicto entre iguales. Y entonces aparecen las etiquetas rápidas. Este libro ayuda a frenar ese impulso. Entender qué le está pasando a un adolescente por dentro no justifica todo, pero sí evita que intervengamos mal desde el principio.
2. Acompañar no es controlar
A los adultos nos cuesta mucho ver crecer sin dirigir cada paso. En familias y en colegios. Queremos evitar errores, ahorrarle sufrimientos, corregir enseguida lo que no nos gusta. Pero el libro insiste, con razón, en que acompañar no es ocupar todo el espacio. Hay una diferencia importante entre estar presentes y estar encima. En tutoría, en casa y en convivencia, esa diferencia lo cambia todo.
3. Los padres también cambian
Esta ha sido una de las ideas que más me ha gustado. La adolescencia transforma a los hijos, claro. Pero también transforma a los padres. Les obliga a recolocarse, a aceptar cierta distancia, a revisar expectativas, a renunciar a algunas formas de control y a aprender otras formas de cercanía. A veces pedimos mucho a las familias sin reconocer que ellas también están atravesando un proceso.
4. Los profesores somos aliados decisivos
Aunque el libro está escrito para padres y madres, yo lo he leído pensando muchas veces en los docentes. Lo digo con claridad: en la adolescencia, la alianza familia colegio es todavía más importante. Los profesores somos apoyo, referencia, contraste, mirada externa y, muchas veces, la voz serena que ayuda a sostener lo que en casa duele más. Cuando familia y escuela van por libre, el adolescente lo nota enseguida.
5. Convivencia sin adultos desbordados
Hay una frase del libro que me parece oro puro: los adolescentes son adolescentes y hacen cosas de adolescentes; los adultos somos adultos y debemos comportarnos como adultos. Parece obvio, pero no siempre lo es. En una reunión con una familia, en una incidencia de pasillo o en una discusión en clase, el adulto no puede competir emocionalmente con el adolescente. Tiene que sostener, no incendiar.
6. La adolescencia no merece mala fama permanente
Hay discursos sobre adolescencia que parecen redactados por alguien que acaba de sobrevivir a una tormenta tropical. Este libro va por otro lado. Sin ingenuidad, pero también sin dramatismo. Y eso se agradece. Presenta la adolescencia como una etapa difícil a ratos, sí, pero también maravillosa, fértil, creativa y llena de posibilidades. Esa mirada importa mucho, porque la forma en que narramos una etapa también condiciona cómo la vivimos.
7. Ciencia que no abruma
Otro mérito del libro es el equilibrio. Hay estudios, hay base científica y hay conocimiento sólido, pero no está contado de manera farragosa. Lucía Galán consigue divulgar sin simplificar en exceso. Y eso permite que lo lean bien personas que quizá no se acercarían a un ensayo más académico. Es un libro útil para quien busca fundamento, pero también para quien necesita una puerta de entrada accesible.
8. Un libro para abrir conversaciones
Me imagino este libro en manos de muchas familias del colegio. Y me lo imagino también provocando buenas conversaciones en escuelas de padres, tutorías o claustros. Porque no se limita a informar. Ayuda a mirar mejor. Y cuando uno mira mejor, suele educar mejor también.
Mi valoración es muy clara: me parece un libro imprescindible, sobre todo para familias con hijos entrando o viviendo la adolescencia. Pero también muy útil para educadores. Si alguien busca un ensayo riguroso, cercano, bien contado y aplicable a la vida real, aquí tiene una opción muy buena.
A veces, detrás de muchas dificultades con adolescentes, lo que falta no es autoridad ni normas. Falta comprensión adulta. Y esa, por suerte, también se puede aprender.
Jesús M. Gallardo Nieto

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