4 de julio de 2026

Película. Las ovejas detectives, Kyle Balda, 2026... ¡NO ES UNA PELI AL USO!


El buen pastor, literal

Aviso: esta reseña comenta algunos elementos concretos de la película, aunque evita desvelar la resolución del misterio.

Empiezas esta película con la guardia baja. Ovejas que hablan, Hugh Jackman de pastor, un misterio familiar, humor británico y la sospecha de que aquello va a ser una versión detectivesca de Babe, el cerdito valiente. Te sientas a pasar un buen rato y, de pronto, las ovejas te hablan del duelo, de Dios, de la memoria y de lo que significa cuidar de verdad.

Incomoda un poco. Sobre todo si trabajas en educación y llevas años usando, sin pensarlo demasiado, palabras como rebaño, guía, cuidado, acompañamiento o pastor.

Las ovejas detectives funciona como película de misterio familiar. Tiene intriga, ritmo, sospechas, humor y una premisa disparatada y eficaz: un pastor lee novelas policíacas a sus ovejas cada noche, convencido de que no entienden nada, hasta que ellas tienen que aplicar lo aprendido para resolver un asesinato.

La película mira a las ovejas con inteligencia, sin convertirlas en simple recurso cómico. Rompe el tópico del borrego obediente y manso: aquí piensan, recuerdan, dudan, se organizan, se equivocan y aprenden a mirar la realidad juntas. El rebaño no es masa. Puede ser comunidad.

Y una comunidad necesita buenos pastores.

George, el personaje de Hugh Jackman, cuida, conoce, habla, dedica tiempo. Lee a sus ovejas aunque crea que no le entienden. Ahí hay una imagen educativa potente: a veces un alumno, un hijo o una persona no responde en el momento, parece que no escucha, parece que no recoge nada. Pero algo queda.

En un colegio lo sabemos bien. Explicas una vez, otra vez, otra más, y piensas que estás sembrando en cemento. Meses después aparece una frase, un gesto o una decisión que demuestra que aquello entró por alguna rendija.

Hay una escena magnífica para una clase de Religión. Tres ovejas pasan delante de una iglesia y una pregunta quién vive allí. La respuesta es Dios. Llega entonces la pregunta inevitable: quién es Dios. La explicación, vista desde la lógica de las ovejas, condensa con humor una de las paradojas centrales del cristianismo: el Dios que guía es también el Cordero entregado, presencia invisible hecha pan. Todo en boca de unas ovejas que intentan entender lo que los adultos repetimos muchas veces sin dejarnos sorprender.

La fe, mirada desde fuera, puede parecer extraña. Hay preguntas que no se resuelven con definiciones rápidas y se abren mejor con imágenes, narraciones y asombro.

El otro gran tema es la memoria. Las ovejas tienen una capacidad útil y peligrosa: olvidar. Cuando algo duele, lo apartan, lo borran, lo quitan de en medio. Cualquiera que haya vivido un duelo conoce esa tentación: no mirar, no nombrar, no volver al lugar donde algo se rompió.

La película acierta al recordar que olvidar no siempre cura. A veces solo aplaza. Un carnero ayuda al rebaño a entender que el dolor no se supera escondiéndolo. La memoria permite que quienes se han ido sigan presentes de otra manera: como compañía, no como peso.

Esto tiene fuerza llevado a una familia o a un aula. Los niños preguntan por la muerte, mal, a destiempo, mientras aparcas el coche o sirves macarrones. Algunos adultos cambian de tema porque no saben qué decir. Las ovejas detectives ofrece una puerta sencilla para hablar de la pérdida sin convertirla en sermón ni en tragedia insoportable.

También sirve para hablar del Buen Pastor desde la pregunta seria de qué significa cuidar. Cuidar es estar, conocer, proteger, enseñar a mirar y preparar a los demás para caminar cuando uno ya no está delante.

La película emocionó más de lo que prometía. Tiene lágrimas, intriga, sospecha y humor, y debajo una intuición clara: necesitamos buenos pastores, y comunidades que aprendan a no comportarse como masa. Ovejas capaces de pensar juntas. Rebaños que no se dejan llevar por el miedo. Memorias que no borran a quienes amaron.

Recomendable para ver en familia, con niños a partir de 7 años. También para docentes y para una clase de Religión, si se quiere trabajar el símbolo del Buen Pastor, la Eucaristía, la comunidad, el duelo o la memoria.

Sales de la película con una sonrisa, alguna lágrima discreta y una pregunta seria: cuando te toca cuidar de otros, ¿eres pastor, dueño o simple vigilante del cercado?

Jesús M. Gallardo Nieto

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